Nosotros

Nuestra tierra tiene una larga tradición de cultivo del olivar. Podemos remontarnos tanto como queramos, porque este árbol mediterráneo ha sido un recurso desde hace miles de años. A partir de principios del pasado siglo, Jaén se tomó muy en serio su vocación olivarera y es muy común que las familias conserven olivos de sus antepasados o que las adquieran como inversión.

En nuestra caso, el abuelo era agricultor, un buen agricultor. Tanto, que algunas personas mayores aún recuerdan cómo las cosechas de Antonio paliaban el hambre en aquella década de los 30 en que las cosas fueron muy difíciles. Desde entonces hasta ahora, nuestra familia ha querido conservar las tierras que él cultivaba, tierra calma de cereal y tierra de olivos.

Nuestras fincas, en término municipal de Linares, son la heredad que él quiso transmitirnos:

Olivar en pendiente de El Cerro, finca que se encuentra en el punto geodésico que determina la cota máxima del municipio, El Cerro de la Langosta.  Este olivar antes fue trigo, cebada o avena, y sus olivas de tres, cuatro y hasta cinco pies, son relativamente jóvenes. Plantadas por el abuelo con la intención de que se hicieran viejas en nuestras manos.

El Olivar de Náquer está ubicado junto las Aldeas de Náquer,  ahora deshabitadas, de donde la finca toma su nombre. Una tierra agradecida, un secano de altos rendimientos y aceite de gran calidad, afrutado, intenso y fresco. Son las aceitunas que antes maduran y se cultivan prácticamente ecológicas: la excelencia de esta tierra y estos árboles, nos permite obtener resultados fantásticos con un laboreo carente casi por completo de productos químicos.

La Añoreta tiene olivos viejos y grandes. Es la más antigua de las tres fincas de esta familia. Una fuente muy conocida ( La Fuente de La Añoreta ) ha dado agua durante cientos de años a los agricultores de la zona, hasta que los numerosos sondeos fueron mermando su caudal. Sus relieves decorativos de la época romana, fueron expoliados al final del pasado siglo, aunque la fuente permanece. Lo que no pudieron llevarse los ladrones de antiguedades fue un sólido decantadero romano: la argamasa de la que está hecho resiste y se agarra a la tierra como dando fe de las buenas técnicas de construcción de la época. Que sea la Heredad de la siguiente generación.